El poder de la carta documento (y por qué es el resultado de que sea legal mentir).

Toda persona en la República Argentina que pretenda intimidar a alguien con la amenaza de iniciar acciones jurídicas invoca las siguientes dos palabras: CARTA DOCUMENTO. Pero, ¿hay que temerle a la carta documento? ¿Cuál es el poder que tiene que la hace tan temida? ¿Cómo hay que actuar en caso de recibir una? ¿Por qué las usamos?

Antes de hablar de la carta documento hay que hablar de un término muy importante en el derecho (y que muchas veces es mal usado por gente ajena al mundo jurídico). La palabra es “fehaciente”. En lo que importa al derecho, fehaciente significa que demuestra algo de forma indubitable, que no puede ser discutido.

La carta documento es, entonces, una forma de transmitir un mensaje de forma fehaciente. El mensaje que se transmite a través de una carta documento no puede ser discutido por quien lo envió o lo recibió, gracias a la forma en que funciona:

 

– La carta documento, como se ve en la imagen, tiene una estructura muy simple: un encabezado donde surgen los datos de la persona que la envía y quién habrá de recibirla, y debajo tiene un espacio que puede ser completado con el texto que el remitente desee.

– Al enviar una carta documento se verifica la identidad de la persona que la envía. Quien aparece en el encabezado como remitente deberá firmarla adelante del personal del correo que la recibe. En caso de que se quiera autorizar a otra persona a enviar la carta por uno, el remitente tiene dos opciones: enviar a alguien con un poder que lo autorice a enviar la carta por él, o registrarse en la sucursal del correo para que le tomen su firma y un tercero pueda presentar allí las cartas por él. En definitiva, queda comprobada la identidad de quien envía la carta.

– El formulario de la carta documento debe completarse por triplicado. Una para que se envíe al destinatario, otra que se quedará el remitente como copia, y una tercera que será archivada por el correo. Entonces, el texto de la carta estará tanto en poder de ambas partes como también de un tercero imparcial (el correo), por lo que queda comprobado el texto enviado.

– Al admitir la carta, el empleado del correo pega un sticker a cada copia donde surge el número de envío (que no tiene nada que ver con el número de formulario que aparece en el margen superior de cada carta). Con ese número no sólo se identifica la carta en cuestión, sino que además puede hacerse un seguimiento del trayecto desde que es enviada hasta que es recibida (o hasta que sea rechazada, falle su entrega por no encontrarse la dirección, etcétera). De esa forma, queda comprobado si la carta fue recibida o no, en qué fecha, en qué dirección y toda otra información sobre su envío.

– Por último, el empleado del correo que distribuye la carta verifica la identidad de la persona que la recibe, siendo el destinatario el único autorizado para recibirla, o eventualmente retirarla del correo. Si no se encuentra en su domicilio, se le deja un pequeño formulario donde puede autorizar a otra persona a retirar la carta documento (presentando el DNI del destinatario). Entonces, por último, queda comprobado si la carta fue recibida por el destinatario.

En resumen, si alguien quiere transmitir un mensaje a otra persona y que esta no pueda negar que recibió dicho mensaje, la carta documento es una forma excelente de lograrlo. En caso de que una cuestión deba resolverse ante la justicia, con un simple pedido de información al correo, este informará al juez si la carta que se invocó como existente es verídica o no.

Entonces, recibir una carta documento no significa más que recibir un mensaje de otra persona, y no podrá discutirse haber recibido dicho mensaje. Pero lo demostrado es la existencia de la transmisión del mensaje, no la veracidad de su contenido. Si yo le envío una carta documento a otra persona y le digo “Me debés $10.000.000 y tenés que pagármelos dentro de cinco días”, la carta documento únicamente demostrará que le dije a esa otra persona que me debe dinero. No significa que la deuda exista.

Sin embargo, no es recomendable dejar sin contestar una carta documento, porque además del poder que tiene para demostrar que un mensaje fue transmitido, tiene un segundo efecto importante: lo que se transmite mediante la carta y no es negado por el receptor, se presume como cierto. Presumir significa que es un indicio a favor de creer que lo que se dice es cierto, pero no es suficiente (en principio) para dar por cierto lo dicho.

Ahora, ¿por qué usamos la carta documento, habiendo tantas formas de transmitir un mensaje? ¿Por qué no es lo mismo que un mensaje de texto, un email, una carta común, pasar una nota debajo de la puerta?

Porque en nuestro país es legal mentir en los procesos judiciales. Y no únicamente en los procesos penales (donde tiene sentido, ya que todos los sistemas penales modernos prohíben tener que autoincriminarse, y es admisible mentir para evitar abusos judiciales. Pero esto es una discusión para otra oportunidad). En Argentina es legal mentir en cualquier proceso judicial.

Quien haya enviado alguna vez una carta documento habrá notado que la respuesta está llena de negativas. Un ex jefe mío siempre contaba la historia que una vez envió una carta documento a los emisores de la tarjeta de crédito de su padre, una vez que murió, para informar la situación, y en la respuesta le contestaron que negaban que su padre haya muerto.

Para bien o para mal, la negativa y el desconocimiento es el ABC de toda respuesta escrita por un abogado, tanto para cartas documentos como también para contestaciones de demandas judiciales. En primer lugar, porque nuestro derecho lo permite. En segundo lugar, porque negar todo lo que la otra parte diga hace que sea el otro quien deba demostrar la veracidad de lo que dice, y nunca se sabe si alguna cuestión que parezca ridículo que sea negada luego puede demostrarse con pruebas.

Cada cuestión que yo le reconozca a la otra parte implica quitarle trabajo en demostrar que lo que dice es cierto. Por eso los abogados niegan hasta las cuestiones más obvias, buscando entorpecer el trabajo de la otra parte.

Esto difiere de sistemas como el estadounidense, donde (en casos civiles, no penales) es una falta grave desconocer un documento del que se haya tenido conocimiento. Si yo firmo un contrato con otra parte y luego lo desconozco en la justicia, en Estados Unidos resultaría muy grave si luego se demostrase que yo sí firmé el contrato. En Argentina no, y por eso gastamos dinero para certificar la firma de las partes en contratos de alquiler ante un escribano, mientras en USA se venden empresas multimillonarias con contratos firmados en una servilleta.

La carta documento hace que resulte inútil desconocer el mensaje de la otra parte, porque con un simple pedido de información se verificará el mensaje, por quién fue enviado, quién lo recibió, y en qué fecha. Si mentir fuese castigado por nuestro derecho, alcanzaría con un mensaje de texto, un email o una carta simple para transmitir el mismo mensaje, de forma mucho más económica.

Ahora, te estarás preguntando por qué no es lo mismo (por ejemplo) enviar, por ejemplo, un email, siendo que quedan constancias en un servidor informático con el mensaje y los datos de envío y recepción. Sencillo: el email puede ser borrado por ambas partes y perderse. Puede ser modificado por un experto en informática. No podemos comprobar con total certeza que la casilla de email receptora sea de la persona a quien pretendimos enviarle el mensaje. Para verificar si el email en sí ha existido, tendremos que pedirle a un perito informático que analice la casilla de email de la persona que envió el correo, y el resultado no será tan contundente como la contestación al pedido de información que eventualmente se haga al correo. El email no es fehaciente.

En resumen: la carta documento es una forma de transmitir un mensaje, de forma que no pueda ser desconocido por la persona que lo recibe. El mensaje transmitido puede contener cuestiones ciertas o no, pero no puede negarse que ha sido recibido. Y es producto de que, en Argentina, es legal mentir ante la justicia a la hora de defenderse.

About the author

Soy abogado por la Universidad de Buenos Aires y Magister en Derecho por la Universidad Austral. Ejerzo el derecho de manera independiente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Comments

  1. Hola Dr, llegué a tu blog no sé como y me gustó mucho. No me quedó claro lo de la contestación por parte del receptor de la primera carta documento. Si el receptor niega todo en otra carta documento, entonces, no estaríamos entrando a un loop infinito de negaciones y refutaciones?

    Qué propósito tendría realizar una carta documento demandando el cese de alguna actividad, si la otra persona puede simplemente negar dicha actividad?

    1. Hola, cómo estáS?

      Buena pregunta. El tema es que la carta documento no se usa para demostrar que lo que se dijo es cierto, sino que se usa para demostrar que algo se dijo. Te doy un ejemplo práctico: Yo te alquilo una casa a vos. Se rompe un caño de agua y empieza a perder. Yo te envío una carta documento diciendo que lo arregles urgente o me va a romper mis bienes. Vos contestás y negás que el caño haya estado roto. Si eventualmente vamos a la justicia y se demustra que sí, el caño estaba roto, por más que vos hayas negado los hechos queda demostrado que el caño perdía y que yo te avisé, y vos no hiciste nada. Yo demuestro con otros medios de prueba que el daño existió, pero además demuestro con la carta que vos estabas avisado y no hiciste nada. Eso cambia la forma en que sos responsable por los daños.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *